miércoles, 18 de septiembre de 2013

Las tecnologías y los niños, diferentes opiniones!

Hola bloguer@s!!:

Empiezo con una pregunta, pcomo en todos los temas hay diferentes opiniones. Qué pensáis que vuestros peques manejen, usen y disfrutes de todas las tecnologías desde bien pequeñit@s?
Ahora en todas las casas, quien más, quien menos, tiene por su puesto, Smartphones, Mp4, tablets, ordenadores fijos, ordenadores móviles, nintendos, playstation,...y muchos más, que seguro se me olvida.

Con tanto cacharro que un niñ@ es capaz de aprender su manejo y funcionamiento por mera intuición, muchas veces es difícil competir con los juegos tradicionales.

Pienso que lo ideal sería el término medio, no hay que renunciar a las nuevas tecnologías, pero sin perder la vista en que jugar con un balón, a la comba, a la goma, el escondite y el pilla-pilla...montar en bici, patines...caerte, son muy importantes  para que el niñ@ se desarrollo, tanto a nivel social, como motriz, hace que el tener que relacionarse e interactuar, no permita que se alienen y que su única relación con un juguete o juego sea a través de su dedo y una pantalla.

Así que aquí viene de nuevo nuestra labor y nuestra forma de enfocarlo, como hay rato y tiempo para el juego. A todo esto hay que añadir que según crecen y tienen más deberes y responsabilidades, van dejando de lado los juegos y van ocupando más tiempo las tecnologías.
Intentemos buscar el equilibrio, aunque está claro que es lo verdaderamente complicado.

Seguro que muchos habéis visto la noticia de una familia en USA (dónde si no!!!), que ha decido volver a vivir en los "80", ya que estaban viendo que sus hijos solo querían estar con "maquinitas" y no jugando fuera con otros niñ@s. Así que solo utilizan los aparatos que habían en esa época, radiocassette, teléfonos fijos, T.V escasitas...incluso el estilismo. A ver! no creo que haya que llegar a ese extremo, además tampoco creo que sea bueno cerrar los ojos a los avances, ni ponerse una venda. Hay que aprender a convivir con ello, no rechazarlo.

Os pongo link de un artículo sobre este tema, dónde dan recomendaciones de uso.

http://blogs.elconfidencial.com/alma-corazon-vida/psicologos4you/2013/05/07/una-generacion-de-ninos-distinta-las-nuevas-tecnologias-y-el-ocio-120328


Así que aquí os dejo, pensando en el tema, que como muchos otros y refiriendose a nuestros peques, nos preocupa.

Hasta la próxima semana.

No se os olvide disfrutar.

Baby-Care

miércoles, 11 de septiembre de 2013

El agotamiento de las madres!!

Hola Bloguer@s:

El post de hoy es diferente al de las demás semanas, es un artículo dedicado al agotamiento de las madres con su concerniente estudio (Asociación Ítaca).Explicando por las fases que se pasan y cuales pueden ser las consecuencias.
Creo que tod@s debemos tener en cuenta ésta información porque nos ayudará en diferentes etapas de nuestra vida.
No he querido modificar ni una coma, ni una frase, ni meter un comentario. Creo que por sí solo el artículo es excepcional.
Cualquier comentario será bienvenido.

"A continuación, queremos compartir un capítulo del libro de Isabelle Filliozat “LOS PADRES PERFECTOS NO EXISTEN”, porque a veces resulta muy útil poner nombre a lo que sentimos y desde ahí, centrar nuestra atención en las necesidades de la madre para que ésta pueda ser útil a sus hijos, y no se limite a servirles. Esperamos que disfrutéis de la lectura, no os dejará indiferentes, os lo aseguramos.
EL AGOTAMIENTO MATERNO
Tres asientos delante de mí, en el tren de alta velocidad, viaja una mamá acompañada de sus dos hijos que cada vez se va poniendo más nerviosa. De repente, levanta el tono de voz y dice en tono amenazador:
—¡Vas a cobrar!
Los demás pasajeros se miran, molestos… Nadie interviene. Ignoro lo que estarán haciendo los niños, pero el nerviosismo de a madre sube un grado:
—¡Ya lo verás, vas a cobrar! ¡Te lo has ganado!
Decido abandonar mi lectura, y me acerco al trío:
—Se la ve nerviosa… ¿Necesita ayuda?
—No, gracias.
—Si…
Insisto con delicadeza.
—Sí, gracias, estoy agotada.
Me instalé a su lado para jugar un poco con los niños. Mi mera presencia ya los había calmado. La intervención de un tercero siempre suaviza las cosas, a condición, por supuesto, de que no se dedique a echar más leña al fuego…
Cuando estamos agotados, no podemos pensar en todo. A duras penas conseguimos atender lo más urgente. Aquella madre había conseguido colocar a sus hijos y el equipaje en el tren, había pensado en proveerse de comida y bebida, pero había olvidado coger algo para que se distrajeran. Estaba extenuada y no contaba con los recursos necesarios para distraerlos.
Violaine Guéritault* dice: «Estaba llenando la lavadora mientras oía el ruido de fondo que armaban mis dos hijos al pelearse por enésima vez durante la mañana. De repente, se oyó un tremendo golpe seguido por los aullidos de mi hija. Y me quedé quieta, inmóvil, creo que pensé en algo así como “del suelo no pasa”, o “si grita, es porque aún está viva”. Entonces acaba de llenar la lavadora como una autómata. No sentía nada. Había dejado de pensar como una madre».
Era el detonante. Violaine Guéritault estaba preparando su doctorado sobre el burn-out profesional (*L’épuissement maternel et comnient le surrnonter, Violaine Guéritault, Odile J cob, 2004. Un libro de lectura imprescindible). Inmediatamente relacionó lo que acababa de vivir con su trabajo. En su oficio de madre, estaba atravesando por una fase de burn-out. ¡El agotamiento profesional no es exclusivo del mundo de la empresa, sino que también está presente en el hogar!
Los padres recién estrenados están expuestos a padecerlo. Todas las madres, hasta las que se muestran más serenas, tienen
una vida cotidiana muy estresante. Una multiplicación de tareas repetitivas, poco o nulo reconocimiento respecto a su labor, horarios demenciales, un montón de situaciones que escapan de su control, imposibilidad de concentrarse en una tarea sin verse interrumpida al menos diez veces… ¡Las 24 horas del día y 365 día al año sin fecha de caducidad…! ¡Porque es imposible dimitir del oficio de madre!
Así pues, si los bebés son tan maravillosos… ¿por qué las madres se agotan tanto? ¿No será que la causa de su agotamiento resida, precisamente, en que no pueden quejarse de «lo maravillosa» que es su situación?
Violaine Guéritault establece la lista de los agentes estresantes en la vida de la madre:
• El trabajo materno implica volver a hacer mil veces las mismas tareas. Tiene que lavar y limpiar. Todo vuelve a estar sucio algunos minutos más tarde, privando a la mujer de ese sentimiento de tarea hecha que da sentido y energía al trabajo.
• Una madre vive numerosas situaciones sobre las que no tiene ningún control. Le gustaría ser capaz de proteger a su hijo de todo, pero a menudo se ve impotente. Y no sólo estamos hablando de accidentes o de percances que requieren hospitalización, sino también, en la vida cotidiana, de los cólicos del lactante, de los dolores de la dentición o de las picaduras de avispa…
• Si hay algo que caracterice a los niños pequeños ese algo es la imprevisibilidad. Por mucho que la madre se planifique el día, lo más seguro es que sus previsiones acaben patas arriba. Justo en el momento en que sale para encontrarse con una amiga, cuando va a colocar al bebé en el cochecito, se da cuenta de que tiene que cambiarle los pañales… Aunque usted sea muy organizada, su pequeño acabará desestabilizándole el horario. No es nada raro que, al llegar la noche, algunas madres, sintiéndose abatidas, lleguen a pensar eso de «no he hecho nada en todo el día».
• Todo trabajo merece recompensa… No obstante, parecería que eso no se aplica al trabajo de madre. Se la idealiza y honra como es debido el Día de la Madre, pero en su vida diaria recibe muy poco reconocimiento por parte de los demás; para la gente, no hace más que cumplir con su deber.
• A todo ello hay que añadir que una madre no tiene derecho a cometer errores. Ella misma se pone el listón muy alto, y se desespera al comprobar la diferencia existente entre el modelo de lo que querría ser y lo que vive cada día.
¿Quién se encarga de apoyar a las madres? En el plano psicológico, la mayoría de las veces están solas frente al niño. En ocasiones, pueden acudir a alguna institución de las que se dedican a acoger a las madres y a los bebés durante unas horas, pero por lo general cuentan con pocos lugares preparados para escucharlas. La inmensa mayoría de la gente prefiere creer que, para sentirse felices y colmadas, les basta con estar junto a sus adorados y encantadores hijos. No quieren oír que a veces les entran ganas de estrangularlos. ¿Y qué pasa con el marido?, pues que, cuando éste vuelve del trabajo, o bien ella no se atreve a pedirle nada por temor a que vuelva a salir pitando, o bien descarga sobre él tal avalancha de quejas, que el pobre hombre no sabe qué hacer con ellas. También puede suceder que su marido le conteste que ella no tiene que volver a trabajar, o que Martine —o lo que es peor, su madre, es decir, su suegra—, sabe arreglárselas bien… En resumen, no se puede decir que la apoye demasiado.
En general, la mujer que se queda en casa se encarga de todos los quehaceres domésticos. En vez de intentar ayudarla para que no se canse en exceso, algunas veces el marido hasta espera que también se ocupe de él. «¿Una asistenta? ¡Ni pensarlo!», se dicen más o menos conscientemente las mujeres. «Si mi madre podía con todo, ¿por qué yo no?» Además, muchos maridos no ven la necesidad de ese gasto «ya que no tienes otra cosas que hacer durante todo el santo día».
Reconozcámoslo, es indudable que cuando el reparto de las
tareas del hogar no está equilibrado, el amor que la madre siente por su hijo puede salir perjudicado.
¿Les parezco trivial? ¿Opinan que exagero? ¿O acaso son de
los que creen que el amor de una madre no puede depender de la vajilla o del aspirador? ¡Pues yo afirmo que sí!
Demasiada ropa que lavar, demasiados suelos que fregar, demasiados platos que cocinar y lavar… Todo ello puede llegar a alterar la capacidad de amar de una madre.
De hecho, no es tanto la tarea en sí misma la que obstaculiza el amor como el sentimiento de injusticia. Una injusticia que rara vez se ve reconocida como tal. Una injusticia que se halla resumida en esta constatación cotidiana: cuando él le cambia el pañal al bebé, lo encontramos maravilloso, pero cuando lo hace ella, nadie la admira. Es lo «normal». Un hombre, que ejercía de padre de familia, un día me dijo: «Día tras día me doy cuenta de lo injustas que son las cosas para mi mujer. Si yo hago cien, me felicitan y me adulan, pero si ella hace mil, nadie lo ve». Este padre mostraba un grado de concienciación bastante excepcional tanto entre los hombres como entre las mujeres. Y hasta cuando dicha concienciación existe, lo normal es que la injusticia no desaparezca porque está grabada en lo más profundo de la sociedad. Con todo, también hay otros maridos menos sensibles que no consiguen ver el problema, y que hasta pueden llegar a desvalorizar, humillar y culpabilizar a sus mujeres cuando se quejan o no logran alcanzar sus objetivos.
En el hogar, muchas veces la mujer se ve obligada a reprimir la ira: la relacionada con la frustración, con la injusticia, y a veces que le provoca la herida que le inflinge un marido inconsciente cuando no poco delicado.
Las mujeres que viven solas tienen tantas dificultades como demás. El rencor que se mantiene en secreto es lo que impide que florezca el amor, y no la falta de un hombre.
La sociedad espera que las mujeres sepan ejercer bien su papel, como si fuera algo innato. Tienen fama de ser buenas profesionales, mientras que algunos hombres no pasan de ser considerados meros aficionados. Pero la realidad es que no saben mas que los hombres. Bien es verdad que las mujeres secretan las hormonas del afecto y que llevan el biberón integrado en su cuerpo, pero en sus genes no hay nada inscrito acerca de cuál es la mejor marca de pañales, de las vacunas o de las relaciones con los profesores. Por no hablar de que tienen que ir adaptándose continuamente. Con los hijos nunca puede darse nada por ganado: los niños crecen y cambian. Y no hay dos hijos iguales.
Al cabo de un cierto tiempo, la madre no puede más. Violaine Guéritault* describe muy bien la primera fase del burn-out: el depósito de energía se vacía. La madre padece agotamiento emocional y físico provocado por la necesidad de ir adaptándose permanentemente.
Si la madre no encuentra ayuda ni apoyo, si no puede liberar su sobrecarga de estrés, corre el peligro de llegar con bastante rapidez al segundo estadio: el de la despersonalización y el distanciamiento.
¡Ella sabe que tiene que seguir funcionando pero no sabe cómo! Su única salida consiste en separarse inconsciente y emocionalmente de la fuente del estrés, con el fin de minimizar las fugas de energía y de continuar realizando, como un autómata, las tareas de las que no se puede librar. La madre agotada se ocupa de su hijo, pero sin afecto. Lo hace, y punto. Todas nosotras hemos pasado por esos momentos de completo agotamiento. Hacemos lo que toca que hacer: preparar la comida, vaciar la bañera, quitar la mesa y acostar a los niños, pero todo de un modo automático
Cuando el agotamiento nos invade, ese modo automático se vuelve permanente. La madre se aleja cada vez más de sus hijos. Ya no está afectivamente a su lado. Cuando una madre se siente sola cae en la depresión. Es cada vez menos eficaz, todo le pide un esfuerzo inmenso y pone en duda sus capacidades. Ciertas tareas que antes llevaba a cabo, como telefonear o rellenar formularios, le parecen algo irrealizable. Poco a poco, se va deslizando hacia la tercera y última fase del burn-out. Gritos, golpes, castigos…, la madre hace todo aquello que nunca hubiera querido hacer a sus hijos, con el resultado de que, evidentemente, las cosas empeoran; es un círculo vicioso. La clase de madre que ve en sí misma, es decir, aquella en la que cree haberse convertido, está tan lejos de la madre con la que soñaba llegar a ser, que hasta puede llegar a preferir borrar de un plumazo todos sus proyectos. Después de haber perdido la motivación y con la autoestima por los suelos, reniega de todo lo que ha hecho, de todos sus logros, pasados, presentes y futuros.
Y aunque no todas las madres caigan en la depresión, una inmensa mayoría —por no decir todas— pasan por una fase fugaz, recurrente o prolongada de agotamiento.
El burn-out no aparece porque la mujer sea un ser más o menos frágil. Ni tampoco por el hecho de que el pasado de una mujer haya sido más doloroso que el de otra, sino que es el resultado de la interacción con su entorno. De nada sirve darle medicamentos, ya que no es a ella a la que hay que atender, sino a su entorno, que tiene que sufrir una remodelación. Asimismo, no es una patología exclusiva de las mujeres. Una pediatra suiza ha demostrado que a los padres les pasan exactamente las mismas cosas cuando son los que se quedan en el hogar para ocuparse de sus bebés.
En estas condiciones tan difíciles, es fácil comprender que a veces el vaso esté lleno y que los hijos hagan que rebose. Una madre agotada, invadida por el burn-out, se desvincula de su hijo. Cada vez consigue dominarse menos. Se ve a sí misma como si fuera una prisionera y se siente explotada por su hijo. Puede rebelarse contra las exigencias de este último, viéndolo como un tirano y llegando a odiarle por ello… Y a veces ese odio puede llegar a ser tan intenso que puede llegar a borrar sus sentimientos maternales. «Me absorbe por completo —decía Camille—. No lo aguanto más. Es terrible decirlo, pero no siento nada por mi hijo. A veces me ocupo de él como si fuera un autómata, pero enseguida consigue sacarme de mis casillas. Si no hace inmediatamente lo que le pido, me vuelvo loca.»
¿Acaso Camille es una mala madre? «No es maternal», opina su suegra. Siguiendo mis consejos, Camille volvió a trabajar y poco a poco fue volviendo a querer a su hijo. Ahora le encanta jugar con él. ¡Sencillamente lo que pasaba es que se hallaba en una fase extrema de burn-out!
Emociones reprimidas, autodesvalorización, alejamiento emocional, distancia afectiva, impotencia, frustración… ¡El cóctel es explosivo! Cuando una madre «se rompe» y maltrata a su hijo, toda la sociedad tiene que asumir la responsabilidad de ello, y no ella sola."

Reflexionemos, cambios lo que haga falta y pidamos ayuda si es necesario.

No se os olvide disfrutar!

Baby-Care



martes, 3 de septiembre de 2013

Se acabaron las vacaciones de los peques, empiezan las nuestras????

Hola bloguer@s!:

Otra semana más aquí estamos, con ganas de compartir con vosotr@s, más situaciones y pensamientos, de esos que sabes que no te pasan a tí solo y que necesitas compartir para que te digan: a tí también te pasa? ,opinas lo mismo?, que alivio, creía que era yo sol@.

Esa frase que ya decimos por estas fechas y casi de manera habitual, que es: " que ganas tengo de que los peques empiezen el colegio, están que no se soportan ni ellos", y luego piensas seré mala madre o padre por pensar así? Pues no, no lo eres, no lo somos, simplemente que es cierto que los niños llega un momento que después de tanto tiempo de vacaciones necesitan volver a las rutinas, encontrarse con los compañeros, disfrutar de esos juegos que principalmente se disfrutan en el colegio.

Esta claro, que no es que ya empiezen el cole y nosotr@s estemos tumbados a la "bartola", no , no , todo lo contrario, organizamos el comienzo, y lo que conlleva: libros, uniformes, material escolar, actividades extraescolares...y vuelta a empezar con el reloj "pegado al culo", pero aún con todo eso, en estos momentos y trás más de 2 meses sin cole, sufres de otro estrés, el de que ya no sabes que hacer con ell@s, como entretenerl@s, aunque hayas disfrutado y disfrutes...necesitas volver a la rutina, para luego echar de menos de nuevo las vacaciones.

Yo creo que tod@s entendéis y me comprendéis, que lo poco gusta y lo mucho cansa, y a los niñ@s y con los niñ@s pasa eso. Ellos quieren volver a ver a sus amiguitos del cole, disfrutar con ell@s y contarles lo que han hecho las vacaciones.
Irán a un nuevo curso, a una nueva clase y con nuevos profesores, dan un pasito más en su crecimiento y todo ello lo necesitan tanto los peques como nosotr@s, los mayores.

Por eso el título que he puesto en el post de hoy está con interrogación, porque efectivamente no porque ellos vayan al cole empiezan nuestras vacaciones, pero si que empieza otro ciclo, que cada año se repite y que de manera natural el cuerpo también nos pide, como los cambios de estaciones, aunque nos aferremos a una la que más nos guste, cada uno tendrá la que más le guste, sabes que un día u otro cambiará y estás preparada para recibirla. Eso es la vuelta al cole, el ciclo, que vuelve a empezar, igual que en el trabajo.

Además mirado con optimismo, simpre se puede decir, "ya queda menos para las vacaciones del año que viene", y nunca hay que olvidarse, de los puentes y las fiestas que tenemos por el camino, que son recibidos y aprovechados de muy buena gana.

Así os dejo por hoy, seguro que muchos estáis pensando lo mismo y esperando al día que empiezan el cole, aunque ese día, dejándoles allí, se nos caiga una lagrimilla de los ojos.

Aquí os dejo esta foto para sacaros una sonrisa.




Hasta la próxima semana bloguer@s.

No os olvidéis de disfrutar.

Baby-Care